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La plegaria por el Arzobispo inocente

zimbabweElianta y María son dos amigas que viven para la fraternidad. Junto con su comunidad, dan vida a un grupo de oración para defender a su arzobispo, injustamente calumniado por razones políticas. Contra todo y todos, van adelante, alcanzando resultados concretos en la lucha por la legalidad.

Desde Zimbabwe

“La gente no tiene qué comer; las personas morirán porqué el gobierno nos está contando mentiras”. Éstas son las palabras de un duro ataque lanzado por Mons. Pus Ncube, arzobispo de Bulwayo, la segunda ciudad de Zimbabwe, en un discurso suyo del año 2004 contra el gobierno de Robert Mugabe. También en aquella ocasión, habló de la tortura, ampliamente practicada. “Muchas personas de este país han sido torturadas a muerte y como cristianos tenemos que oponernos a la tortura”.

Mons. Ncube es un arzobispo en primera línea de defensa de los derechos de su propio pueblo. Desde hace años, alza su voz contra el dramático deterioro de la situación socio-económica de su país. El arzobispo ha adoptado una posición muy dura frente al Presidente Robot Mugabe, acusado desde diversas instancias de haber precipitado a Zimbabwe en un caos y de haber impuesto una dictadura.

Mons. Ncube ha corrido el riesgo de ser matado en varias ocasiones, aunque los atentados siempre han resultado fallidos. Por otra parte, matarlo habría sido “peligroso” para el gobierno, puesto que el pueblo ama a su prelado y le reconoce su rol de defensor, a nivel nacional e internacional, y de infatigable denunciador de las injusticias perpetradas por la administración actual.  

Es probablemente por estos motivos por lo que, recientemente, la prensa del país, dirigida por el mismo gobierno, ha intentado darle un duro golpe, para desacreditar al arzobispo.
Inesperadamente, aparece en todos los periódicos la misma historia: una denuncia de adulterio contra él. Mucha gente se ha quedado perpleja, sin saber qué pensar mientras que el arzobispo, anonanado, se ha quedado sin palabras frente a un ataque de ese tipo. Mons. Ncube comenzó un ayuno y se recluyó en su reserva. 

Elianta y María son dos amigas que llevan la fraternidad en su corazón, comenzando por su propio país. Poniéndose de acuerdo con la comunidad que las apoya, tuvieron la idea de promover momentos de oración en la catedral, durante el tiempo de la comida. Ninguno de los medios, controlados por el gobierno, hubieran prestado su voz a ninguna opinión que difiriera de la oficial,  pero recogerse en oración sería, sin duda, el mejor y más elocuente testimonio del apoyo dado al arzobispo.  

A Elianta y  María, se les aconsejó que no continuaran con esa iniciativa por temor a los periódicos y a las cámaras de la TV local, que en aquellos días estaban aguardando cualquier ocasión para acusar a alguien. Pero ellas no tuvieron miedo y se arriesgaron. El primer día, había un pequeño grupo en la iglesia; pero después, en los días sucesivos, participaron cada vez más personas en la plegaria, hasta llenar la catedral. Todos los católicos se reanimaron, y se les unieron también fieles de las otras iglesias, convencidos de la inocencia de Mons. Ncube. Tras algunos días, el propio obispo, conmovido, bajó a la catedral a dar las gracias a los fieles y a rezar con ellos.      

Ya nadie se deja engañar, y aunque, de vez en cuando, se montan en la prensa campañas difamatorias, la opinión pública se ha vuelto a concentrar en los verdaderos problemas del país: las tiendas vacías, sin comida, con una inflación que se hace insoportable y una crisis económica cada vez más aguda.

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